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Angela Cenarro habló ayer en Leciñena sobre las mujeres en la guerra civil
 

El próximo viernes, 14 de julio, a las 20 horas, la consejera de Educación, Cultura y Deporte del GA, Eva Almunia, inaugurará la exposición “Aragón en guerra. Perfiles”, que estará abierta en el que a partir de octubre será el Centro de Interpretación de la Guerra Civil en Robres.

La profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Ángela Cenarro, pronunció ayer en Leciñena una conferencia titulada “Entre el frente y la retaguardia: las mujeres en la Guerra Civil”, dentro de los actos organizados por la Comarca de Los Monegros para conmemorar el 70 aniversario del inicio de la Guerra Civil española.

La profesora estuvo acompañada por el alcalde de Leciñena, Gonzalo Gavín, y el periodista y escritor, Víctor Pardo, quien se encargó de su presentación. Cenarro señaló que hay un trato sesgado en el tratamiento de mujer y Guerra Civil, porque “se tiende a tratar como heroínas a las mujeres republicanas y a las milicianas, porque dedicaron su juventud a luchar contra el franquismo y rompieron cánones de la época, fueron transgresoras y excepcionales, además de víctimas de la represión franquista, encarceladas, exiliadas, silenciadas y condenadas al olvido.

Por eso los historiadores inciden en recuperar su memoria y reparar una injusticia histórica”. Por lo que respecta a las mujeres de la zona de los sublevados, “es una perspectiva de mujeres sometidas a una férrea disciplina del Caudillo, la Falange y Acción Católica y eran vistas como correa de transmisión que el régimen imponía. Estaban sometidas y eran sometedoras de otras mujeres a su vez”, dijo Cenarro, “pero este prisma de emancipación y subordinación tiene su trampa y es un modelo que se está cuestionando”.

Para la profesora, en la Guerra Civil hubo una enorme movilización social en la que participaron miles de mujeres de ambas zonas. “Cambia el modelo de género de ángel del hogar, se rompe con ese modelo. Estas mujeres de ambos bandos fueron mucho más que ángeles del hogar, al salir a los espacios públicos. Esto es la confirmación de un proceso ya iniciado durante la segunda República”, según Cenarro.

La profesora recordó avances que recogía la constitución republicana para la mujer como la ley del divorcio o el derecho al voto, el seguro y permiso por maternidad, la educación, etc. “Esta apertura repercute positivamente en la mujer, que accede al Parlamento, participa en sindicatos, en huelgas... La apertura a lo público de la mujer no siempre es según parámetros de igualdad, pero al acceder a lo público se replantean sus roles”. “En la Guerra Civil, hombres y mujeres se organizan en milicias para apoyar en los primeros momentos de sublevación en ambas zonas.

El modelo de género es una de las cuestiones que se intentaba superar en la Guerra Civil (...) Las mujeres son fusiladas por su trayectoria republicana o por ser familia o tener vinculación con republicanos a los que no encuentran en sus casas. Se extiende la violencia por su parentesco y se da un tipo de violencia a mujer en este bando que no se da en la zona republicana, al rapar la cabeza y hacerles ingerir aceite de ricino exhibiéndolas en calles de pueblos. Es decir, se quita su esencia femenina y se le purifica. (...) En la zona republicana a las monjas se les obliga a quitar el hábito y a trabajar en hospitales o colectividades, así se liberan, se considera a la mujer víctima del poder oscurantista y represivo de la Iglesia”.

En cuanto a la relación entre mujer y violencia, Cenarro dijo que “fue un proceso controlado por los hombres en ambos bandos, las mujeres sólo amenazaban e insultaban y en la posguerra colaboraban con informes”. La profesora se refirió también a las milicianas que aparecen en la zona republicana. “Desde julio de 1936 se enrolan en partidos de izquierdas y con un mono y un fusil marchan con los varones a luchar al frente contra el fascismo. Es una imagen transgresora que se convierte en uno de los símbolos más claros de la revolución y resistencia antifascista. Las milicianas fueron un fenómeno restringido, muy pocas mujeres fueron al frente y sólo en el verano del 36, estuvo limitado en cantidad y en tiempo.

En el frente tuvieron tareas femeninas, como cocina o lavado de ropas de soldados. La imagen de la miliciana fue un símbolo de la Guerra y la revolución, pero no estuvo muy extendido, tuvo un componente propagandístico”. Cuando las milicias fueron militarizadas por decreto ya no se pudieron alistar mujeres. “Tanto el gobierno republicano como las organizaciones de mujeres insistieron en que el lugar de la mujer era la retaguardia. Era un mensaje no un debate. Se ocupaban en tareas asistenciales como fábricas, hospitales, colonias infantiles”. Cenarro habló de las dos organizaciones de mujeres de la zona republicana: las mujeres libres, organización anarquista y feminista, y la Agrupación de mujeres antifascistas,” que era pro comunista y no tenía tanto nivel de concienciación feminista; contemplaba la formación, contar con un oficio”.

Donde han triunfado los sublevados, “se impone un retroceso grande en los derechos conseguidos por la mujer durante la segunda República. Al derogarse la constitución republicana, vuelve el código civil de 1889, que establece la autoridad del marido en todos los ámbitos y que rige hasta 1981”. “En esta zona también se implican muchas mujeres en la retaguardia para defender el orden y la religión. Miles de mujeres están en la sección Femenina de Falange que desempeñó un papel fundamental en la estructura asistencial, mediante talleres de confección, hospitales, colegios, ... No fueron al frente, era impensable”. “La Guerra contribuyó a que las mujeres salieran al ámbito público. No fue emancipadora para tener determinados derechos, eliminados de un plumazo en la zona de los sublevados y que quedaron en papel mojado en la zona republicana”.

Tras la Guerra, la mujer cada vez más se encierra en el ámbito privado. “Hay obsesión por fijar el modelo de ángel del hogar del siglo XIX y una obsesión pro-natalista. Se intenta que la mujer no salga de casa, pero aún así durante el franquismo salen, pero sin plantear una amenaza al orden, de ahí radica el éxito de la Sección Femenina, una plataforma que absorbe a mujeres ansiosas de viajar, formarse, trabajar, ... fueron colaboradoras del régimen, agentes de control de mujeres, transmisoras de valores, (...) Era una casta superior de mujeres ante las que debían ser controladas y vigiladas, se consideraban superiores y esta división va a marcar la vida de las mujeres a lo largo de 40 años de Dictadura”, concluyó Cenarro.

Más actos en julio en Los Monegros El próximo viernes, 14 de julio, a las 20 horas, la consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Eva Almunia, inaugurará la exposición fotográfica “Aragón en Guerra. Perfiles”, que estará abierta hasta el 30 de julio en el que será a partir de octubre el Centro de interpretación y documentación de la Guerra Civil en Robres.

Esta exposición cuenta con imágenes procedentes de diferentes archivos que por primera vez se muestran juntas. En concreto, hay de la Colección particular Antonio Cobo Berges, Fondo José María Lahoz (DPH), Fondo Ayuntamiento de Huesca, Archivo Kati Horna, Archivo Genral de la Guerra Civil de Salamanca, Archivo de Agnes Hodgson (Consejo Comarcal de Los Monegros), Archivo Albert-Louis Deschamps y Archivo General Militar de Ávila. Esta muestra permanecerá abierta de lunes a viernes de 18 a 21 horas y los sábados de 18 a 21 horas. Los domingos: mañanas de 12 a 14 horas y tardes de 18 a 21 horas. El 18 de julio, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, pronunciará la conferencia “La Guerra Civil española. 70 años después” en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Robres a las 20.30 horas. Por último, el 27 de julio a las 20.30 horas, en el Cine-Teatro “El Molino” de Sariñena se proyectarán los documentales “Aguiluchos de la FAI por tierra de Aragón (1936) y “Alas Rojas sobre Aragón” (1937). La proyección contará con la introducción y contenidos del escritor y periodista, Víctor Pardo.

 


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