En esta edición, el invitado especial será Daniel Pulvett, actual campeón del mundo de ajedrez para ciegos y discapacitados visuales
* Ver texto: Pulvett, el campeón del mundo de ciegos a quien el ajedrez cambió su vida. Autor Leontxo García. (pág, 3).
El XIX Torneo Internacional de Ajedrez de Alcubierre, que se celebrará los días 18 y 19 de julio en la localidad monegrina, se ha presentado hoy en rueda de prensa en la Diputación Provincial de Huesca (DPH). Han intervenido la vicepresidenta segunda de la DPH, Celsa Rufas, el alcalde de Alcubierre, Pedro Suñén, el presidente de la Federación Aragonesa de Ajedrez, Rubén Cajo, y el periodista deportivo y Premio Nacional de Ajedrez, Leontxo García, quien como cada año actuará como maestro de ceremonias.
Este año, el invitado especial será Daniel Pulvett, ajedrecista español de origen venezolano, que se proclamó campeón del mundo de ajedrez para ciegos y discapacitados visuales en Rzeszow (Polonia), en agosto del pasado año, donde también logró la medalla de plata en la modalidad rápida.
Pulvett, que conserva apenas un 10% de visión, descubrió el ajedrez a los 12 años, poco después de comenzar sus problemas visuales. Lejos de considerar su discapacidad únicamente como una limitación, afirma que el ajedrez transformó su vida y le ayudó a superar momentos muy difíciles durante su adolescencia: “El ajedrez me salvó de la depresión”, asegura. El título mundial le hizo recordar especialmente los sacrificios de sus padres, que apoyaron su carrera desde muy joven. Su entrenador, Daniel Rivera, destaca una memoria “prodigiosa”, capaz de reproducir y analizar complejas variantes sin necesidad de ver el tablero.
Esa capacidad, junto a una extraordinaria concentración, le ha permitido convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo y próximamente en Gran Maestro de la Federación Internacional (FIDE). Actualmente reside en Collado Villalba (Madrid), donde imparte clases de ajedrez, muchas de ellas a personas con discapacidad visual. Para Pulvett, el ajedrez es mucho más que un deporte: es una herramienta que aplica en su vida diaria para planificar, organizarse y tomar decisiones.
La vicepresidenta de la DPH, Celsa Rufas, ha señalado durante la rueda de prensa que Alcubierre representa “el mejor ejemplo de cómo la iniciativa y la capacidad de trabajo del medio rural pueden generar proyectos con identidad propia y repercusión internacional”. Además, ha subrayado los valores que transmite el ajedrez en una sociedad marcada por la inmediatez: “es un deporte que nos enseña a pensar antes de actuar, a valorar cada decisión y a desarrollar capacidades como la memoria, la concentración o la visión de conjunto”.
En su intervención, Pedro Suñén, ha agradecido el apoyo de las instituciones y entidades colaboradoras que hacen posible la celebración del torneo y ha recordado que detrás de cada edición existe un importante trabajo organizativo. Suñén ha destacado, además, la importancia de la escuela municipal de ajedrez, que cuenta actualmente con más de una veintena de alumnos.
Por su parte, el presidente de la Federación Aragonesa de Ajedrez se ha referido al acierto de la elección de Pulvett como invitado especial este año, ya que “encaja perfectamente con la apuesta de la Federación por el ajedrez inclusivo, ámbito en el que Aragón se ha convertido en una referencia nacional. Daniel representa una extraordinaria historia de superación y demuestra cómo el ajedrez puede convertirse en una motivación vital capaz de transformar una situación difícil en una oportunidad”.
Para Leontxo García, Pulvett constituye un ejemplo de repercusión, inclusión y autosuperación. El periodista ha animado a profundizar en la realidad del ajedrez para personas con discapacidad visual, una disciplina que combina memoria, concentración y una extraordinaria capacidad de representación mental. “El ajedrez a ciegas no necesariamente es jugado por ciegos, puede ser un jugador vidente con los ojos vendados. Es la faceta del ajedrez que más llama la atención del público no aficionado”.
Precisamente, uno de los momentos más esperados del torneo será la exhibición de partidas simultáneas a la ciega que protagonizará Daniel Pulvett el domingo 19 de julio. El campeón mundial se enfrentará simultáneamente a ocho rivales sin ver los tableros, guiándose por la memoria y la visualización mental de las posiciones. Según ha explicado Leontxo García, se trata de un desafío reservado a muy pocos ajedrecistas en el mundo y una oportunidad excepcional para acercar al público una de las facetas más espectaculares y desconocidas de este deporte.
El Torneo Internacional de Ajedrez de Alcubierre es único, ya que esta localidad monegrina de unos 400 habitantes, ha contado con la presencia de campeones mundiales y de grandes figuras y leyendas del ajedrez. En concreto, entre otros, han estado en el Torneo de Alcubierre Anatoly Karpov, Boris Spassky, Francisco Vallejo, Veselin Topalov, Ljubomir Ljubojevic, Jam Timman, Miguel Illescas, Nigel Short, Rusian Ponomariov, David Antón, Yifan Hou, Anna Muzychuk, Vlastimil Hort, Judit Polgar o Sara Khadem.
En este sentido, Leontxo García ha recordado que Alcubierre se ha convertido en “el pueblo más pequeño del mundo por el que han pasado más figuras internacionales del ajedrez”, una circunstancia que ha otorgado al municipio una proyección extraordinaria dentro del panorama ajedrecístico.
El torneo será valedero para el Circuito Aragonés de Ajedrez y para el Circuito Máster destinado a jugadores mayores de 55 y 65 años. Se disputará mediante sistema suizo a nueve rondas, con un ritmo de juego de 15 minutos más tres segundos de incremento por movimiento. Está previsto que participen en torno a un centenar de ajedrecistas de todas las edades.
Las inscripciones al Torneo ya pueden realizarse hasta el 16 de julio en la Federación Aragonesa de Ajedrez: torneos@ajedrezaragon.es
Está organizado por el Ayuntamiento de Alcubierre y patrocinado por la Diputación Provincial de Huesca, con la colaboración de la Comarca de Los Monegros, la Federación Aragonesa de Ajedrez e Ibercaja.
Programa: 18 de julio
08:45 h. Salida de autobuses de Zaragoza.
10:00 h. Torneo.
20:00 h. Clausura. Daniel Pulvett.
19 de julio
18:00 h. Exhibición de 8 partidas simultáneas a la ciega a cargo de Daniel Pulvett.
Texto autor, Leontxo García:
Pulvett, el campeón del mundo de ciegos a quien el ajedrez cambió su vida
El maestro internacional hispano-venezolano será este año protagonista en Alcubierre
Es un caso excepcional, incluso entre los invidentes, para quienes el ajedrez es el deporte ideal porque les permite ver con la mente. Daniel Pulvett, de 34 años, español de origen venezolano, vigente campeón del mundo de ciegos o discapacidad visual (un 90% en su caso), será el protagonista del XIX Festival Internacional de Alcubierre (Huesca) el 18 y 19 de julio, donde entre otras actividades dará una exhibición de ocho partidas simultáneas a la ciega.
Un evento, el de Alcubierre, en el que en ediciones anteriores han participado campeones del mundo como Anatoly Karpov (Rusia), Boris Spassky (Rusia), Veselin Topalov (Bulgaria), Ruslan Ponomariov (Ucrania), Judit Polgar (Hungría), Yifan Hou (China), Anna Muzychuk (Ucrania) o Francisco Vallejo (España), además de subcampeones del mundo u otros destacados grandes maestros.
Pulvett empezó a practicar el ajedrez a los 12 años (sus problemas de visión empezaron a los 11) y con gran tesón y trabajo conquistó el título mundial en Rzeszow (Polonia), a finales de agosto de 2025. Un triunfo que culminó una dura lucha con el ajedrez como estímulo para una vida feliz.
“Una de las mejores cosas que me han pasado ha sido tener problemas visuales. Porque gracias a ello conocí el ajedrez. Obviamente, me gustaría tener el sentido de la vista completo, pero no es algo que yo sienta como imprescindible”, explica Pulvett. En el Mundial, también logró la medalla de plata en la modalidad de partidas rápidas, además del oro en ajedrez clásico.
Recuerda muy bien cómo se sentía al comprender que iba a subir a lo más alto del podio: “Casi me puse a llorar. Se me vino a la cabeza mi madre, y todos sus esfuerzos desde que empecé con los problemas visuales, a los 11 años. Me inicié en el ajedrez a los 12. Y mis padres hicieron todo lo posible para que me dedicase al ajedrez desde los 14 o 15. A los 16 logré el título de maestro internacional, lo que terminó de motivar a mis padres”.
El entorno de esos logros no era el más favorable, sobre todo durante el trauma psicológico que sufrió entre los 11 y los 15, hasta que asumió del todo su discapacidad: “Vivía en Venezuela, donde la vida para alguien como yo era mucho más difícil que en España. En la escuela, cuando salía a la pizarra, me ponían un cero porque no veía lo que estaba escrito. El ajedrez me salvó de la depresión cuando comprendí que podía vivir de él”.
El hispano-venezolano confirma que la falta de visión potencia otras capacidades: “Te obliga a concentrarte al máximo, al igual que el ajedrez”. Y desarrolla mucho la memoria en aspectos innecesarios para alguien vidente: “Sé de memoria cuántos escalones tiene cada tramo de escaleras de mi casa. O puedo memorizar muchos de los números de teléfono de mi agenda”. Su entrenador, y acompañante en el Mundial, Daniel Rivera, también destaca su memoria en el plano deportivo: “Es prodigiosa. Cuando preparamos una partida frente a un rival concreto, luego él repasa a ciegas todo lo que hemos analizado, que en gran parte es farragoso y complejo. Y no sólo se acuerda de todas las posiciones y variantes, sino que a veces aporta nuevas ideas”. En el plano personal, “desborda y trasmite calidez humana”, enfatiza Rivera.
Pulvett también tiene muy claro que el ajedrez le resulta muy útil en su vida cotidiana, “las 24 horas del día”. Por ejemplo: “Los ajedrecistas pensamos de manera diferente. Siempre trazamos un plan, incluso en situaciones sencillas.
Supongamos tengo que ir a comprar el pan, al banco y a la farmacia. En pocos segundos decidiré que voy primero al banco, saco el dinero, voy a la farmacia y por último compro el pan para que no se me haya enfriado cuando llegue a casa. Alguien no ajedrecista quizá necesite más tiempo para elaborar ese plan”. Pulvett vive en Villalba (Madrid), desde donde da muchas clases de ajedrez por internet: “Buena parte de mis alumnos son también discapacitados visuales, lo que me motiva mucho”.
Los ajedrecistas ciegos y discapacitados visuales utilizan tableros especiales, en los que cada casilla (las negras son unos milímetros más altas que las blancas) tiene un pequeño agujero donde se inserta un pivote que sale de la parte inferior de cada pieza; de esa manera, los jugadores pueden tocarlas sin que se caigan; para distinguir al tacto el color, las negras llevan un clavo insertado arriba; por otro lado, las esferas del reloj también son distintas, con el fin de que pueda controlarse el tiempo por el tacto de las agujas o el sonido, por auriculares. Para apuntar las jugadas, algunos las escriben con el sistema Braille o utilizan pequeñas computadoras portátiles para ciegos; otros prefieren grabarlas de viva voz. Para el entrenamiento, hay programas informáticos especiales. Cuando se enfrentan un ciego y un vidente, la partida se juega en dos tableros a la vez, uno normal y el otro con agujeritos, bajo la atenta supervisión del árbitro.
Fue el serbio Milenko Çabarkapa, uno de los mejores ajedrecistas ciegos del mundo en la segunda mitad del siglo XX, quien lo dijo con más claridad: “Casi todas las personas ven con los ojos. Nosotros lo hacemos con la mente”. Pero hay matices de peso: los ciegos de nacimiento apenas tocan las piezas porque visualizan los movimientos con gran claridad en cuanto su rival o el árbitro los cantan. Quienes han perdido la vista por enfermedad o accidente necesitan tocarlas mucho, compulsivamente durante los primeros años.
Es significativo que las tres actividades que producen más niños prodigio sean también muy propicias para que brillen los ciegos. Además del ajedrez, las otras dos son la música (Ray Charles, Stevie Wonder, José Feliciano, Joaquín Rodrigo, Andrea Bocelli…) y las matemáticas (Euler, Saunderson, Morin…). El factor común de las tres es la importancia esencial del pensamiento abstracto, para el que la visión no es imprescindible. Quizá por eso, Pulvett se considera “razonablemente feliz”, aunque su visión se limite al 10%.